A partir de la presentación de Eric Raulet, de la asociación francesa Defismed, y de los aportes de participantes de Europa, América Latina y otras regiones del mundo, el intercambio puso de manifiesto que un ecoturismo verdaderamente sostenible no puede limitarse a la protección de los espacios naturales. También debe reconocer los derechos, los conocimientos y el papel fundamental de las comunidades que habitan esos territorios.
Desde hace varias décadas, el ecoturismo se ha consolidado como una alternativa al turismo convencional. Generalmente se define como una modalidad de viaje responsable orientada a conservar los ecosistemas, sensibilizar a los visitantes sobre los desafíos ambientales y reducir los impactos del turismo sobre la biodiversidad.
El turismo comunitario comparte ese mismo objetivo de sostenibilidad, aunque sigue un camino diferente. Sitúa a las comunidades locales en el centro del desarrollo turístico: son ellas quienes diseñan las experiencias, reciben a los visitantes, administran los beneficios económicos y deciden el rumbo de su propio territorio.
Ambos enfoques comparten, por tanto, numerosos valores. Sin embargo, los intercambios del Grupo de Trabajo de ISTO mostraron que todavía suelen presentarse como modelos diferentes e incluso contrapuestos. En realidad, en muchos territorios se complementan y se fortalecen mutuamente.
La presentación de la asociación Defismed permitió recordar que el ecoturismo continúa siendo un concepto cuyos límites no siempre están claramente definidos. Aunque existe un amplio consenso sobre la importancia de conservar la biodiversidad, los criterios para identificar una iniciativa como verdaderamente ecoturística siguen variando según los países, las instituciones y los distintos actores del sector.
La ausencia de una definición compartida también favorece ciertos usos comerciales del término. En numerosas ocasiones, la etiqueta "ecoturismo" se utiliza para promocionar experiencias desarrolladas en entornos naturales, sin que exista un compromiso real con la conservación ambiental ni beneficios concretos para las comunidades locales.
Los participantes destacaron que esta ambigüedad favorece el greenwashing y dificulta la visibilidad de las iniciativas más comprometidas. Mientras tanto, numerosos pequeños emprendimientos que desarrollan prácticas ejemplares permanecen prácticamente invisibles por falta de recursos para comunicar y acceder a los mercados turísticos.
Uno de los principales aprendizajes de la sesión fue que
el ecoturismo no puede reducirse únicamente a su dimensión ambiental.
En distintas regiones del mundo, las políticas de conservación han privilegiado históricamente la protección de los espacios naturales sin incorporar plenamente a las poblaciones que viven en ellos. En algunos casos, la creación de áreas protegidas o parques nacionales incluso ha implicado restricciones al acceso de los recursos naturales o el desplazamiento de comunidades locales.
Los debates promovidos por ISTO invitan a superar esta visión.
La conservación de los ecosistemas es indispensable, pero resulta mucho más eficaz y duradera cuando se apoya en los conocimientos locales, las prácticas tradicionales y la capacidad de las comunidades para gestionar colectivamente sus recursos naturales.
En otras palabras, la conservación de la biodiversidad y la justicia social no constituyen objetivos separados, sino dimensiones complementarias que se fortalecen mutuamente.
Esta perspectiva refleja plenamente los valores promovidos por ISTO, que defiende un turismo socialmente sostenible, inseparable del respeto por los derechos de las comunidades locales, de su participación en la toma de decisiones y de una distribución equitativa de los beneficios generados por el turismo.
Otro de los grandes aportes de la sesión fue la diversidad de experiencias compartidas por los miembros de la red.
Participantes de Ecuador señalaron que la falta de una definición clara del ecoturismo genera confusión entre el turismo de naturaleza y un auténtico turismo ecológico. Como consecuencia, muchas iniciativas adoptan el discurso del ecoturismo sin modificar realmente sus prácticas.
En contraste, los intercambios evidenciaron que numerosos proyectos de turismo comunitario desarrollados en América Latina combinan exitosamente la conservación del patrimonio natural, la valorización de las culturas locales y la creación de alternativas económicas para las comunidades.
En la Amazonía, por ejemplo, el turismo constituye una herramienta para fortalecer a las comunidades frente a las presiones derivadas de las industrias extractivas y del avance de la frontera agrícola, ofreciendo nuevas oportunidades de desarrollo vinculadas al manejo sostenible del territorio.
Participantes de Bolivia recordaron igualmente que el turismo comunitario va mucho más allá de recibir visitantes. También busca transmitir una forma particular de entender el territorio, compartir una relación específica con la biodiversidad y fortalecer sistemas de gobernanza colectiva heredados de los pueblos indígenas.
Otras intervenciones presentaron experiencias impulsadas por cooperativas en Italia y por redes de alojamiento comunitario en Nepal. Aunque los contextos son muy diversos, una conclusión común emergió con claridad:las iniciativas más resilientes son aquellas en las que las comunidades mantienen el control sobre su propio desarrollo turístico.
La intervención de Defismed también puso de relieve un reto frecuentemente subestimado: la visibilidad.
La mayoría de las iniciativas de ecoturismo son impulsadas por pequeñas organizaciones ubicadas en territorios rurales o alejados de los principales circuitos turísticos. Muy pocas cuentan con los recursos necesarios para fortalecer su comunicación, acceder a canales de comercialización o proyectarse internacionalmente.
Frente a esta realidad,se presentaron diversas iniciativas orientadas a fortalecer estos emprendimientos mediante la creación de redes, programas de formación abiertos, la participación de los jóvenes, herramientas audiovisuales y eventos destinados a dar mayor visibilidad a las experiencias locales.
Más allá de las herramientas concretas, el mensaje fue claro: el ecoturismo solo podrá desarrollarse plenamente si sus múltiples actores aprenden a trabajar de manera colectiva.
La sesión también demostró el enorme valor de contar con espacios internacionales de diálogo como los que promueve ISTO.
Al reunir a investigadores, organizaciones de la sociedad civil, profesionales del turismo, redes comunitarias y representantes de numerosos países, el Grupo de Trabajo facilita un intercambio de experiencias difícil de encontrar en otros ámbitos.
Estos espacios permiten comprender mejor las distintas realidades territoriales, pero también identificar desafíos comunes como la definición del ecoturismo, la lucha contra el greenwashing, la comercialización de las iniciativas, la gobernanza de los destinos y la participación efectiva de las comunidades.
Asimismo, las conversaciones abrieron nuevas oportunidades de cooperación entre los miembros de la red, confirmando la capacidad de ISTO para tender puentes entre las experiencias locales y la reflexión internacional sobre el turismo sostenible.
Al finalizar la sesión, una conclusión se hizo evidente: hoy tiene poco sentido presentar al ecoturismo y al turismo comunitario como modelos opuestos.
El verdadero desafío consiste en construir una visión del ecoturismo que incorpore plenamente las dimensiones ambientales, sociales, culturales y económicas del desarrollo sostenible.
Proteger la naturaleza no basta si las comunidades locales permanecen excluidas de las decisiones y de los beneficios que genera el turismo. Por el contrario, el turismo comunitario demuestra que la conservación de la biodiversidad resulta mucho más efectiva cuando está liderada por las mujeres y los hombres que habitan, cuidan y dan vida a esos territorios.
Esta visión ampliada del ecoturismo coincide plenamente con los principios promovidos por ISTO: impulsar un turismo que combine la conservación de la biodiversidad, la justicia social, la participación ciudadana y el desarrollo local. Más que una transformación de las prácticas turísticas, supone una nueva manera de comprender la relación entre los visitantes, los territorios y las comunidades que les dan vida.